9 de febrero de 2009

Al Sur del DF

La mirada es imposible en la otra orilla del océano.



Justo se cumplen ahora siete días desde que llegué al DF. La ausencia de tiempo para escribir ha hecho que mi regreso se retrase. Todo ha pasado tan rápido que no sé por dónde empezar a contar cómo se vive a este lado del mundo. Para empezar diré que el asombro me guia entre puestos callejeros y olores, cielos azules o grises y temperaturas que hierven de día e hielan de madrugada. Todo es distinto, eso quizás sea una evidencia hasta para los que me miráis desde el Sur con un catalejo prestado. Pero yo también vivo en el Sur, al Sur del DF. No diré el nombre de mi calle, sólo que desde mi ventana puedo ver todo un inventario de existencias.

Partes de un libro
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Partes de un libro

Avión París-México DF, 01-02-09



Partes de un libro

Acabamos de sobrevolar Groenlandia y ahora cruzamos el Océano Atlántico como si fuera un limpio charco en una lluviosa mañana de domingo. 3654 millas restan de camino a casa y no llego a saber cuántas horas llevo despierta. Hoy es el día más largo del mundo. Y el miedo no viaja con nosotras en el asiento de en medio.



– 51 º C El frío se aproxima a la piel, trepa por los húmedos cristales y me roza. Los versos de un libro nuevo se mezclan en mis pupilas con el cansancio. ¿Cuáles son los límites de un Boeing 777? La vigilia entre las nubes, el sueño entre las paredes de este hogar aéreo.


Sobrevivir (3842 Km. recorridos). Matar el tiempo en un vuelo transoceánico significa mirar por la ventana cómo se ve el suelo, cómo la masa blanca de nubes se abre paso entre las alas del avión. Choca contra el cuerpo y se deshace. No te asustes, el exceso de tiempo servirá de excusa. Piensa en lo rápido que ha ido todo: las prisas, la espera, los libros que has dejado atrás, la maleta llena de arena y abrazos, las despedidas, los adioses telefónicos a media noche que marcan la próxima cita.


Vértigo. Noches de luna y lluvia en la segunda ciudad más grande del mundo. Tequila y manos que quieran amortiguar las distancias y el corazón. Incertidumbre. Dudas que se clavan como cuchillos en el cuerpo, horas que quedan por vivir.


Clima. Miradas fugaces que cruzan abismos y calles construidas con rostros desconocidos y polvo. Fuga. Cama solitaria que espera un nuevo cuerpo bajo luces eléctricas que mueren y resucitan en la misma noche. Sexo. Carne viva que anhela una cura. Piel a piel desgajando los cuerpos con el hambre de un mendigo. Deriva y aliento sobre la nuca. Jadeo y memoria. Huesos que no chocan sino funden la saliva. Refugio mojado. Lengua y verso. Muerte.



El vacío grita mi nombre.

* * *


DF, 2 al 8 de Febrero `09


La irrealidad de lo mirado da realidad a la mirada. (O. Paz)


La soledad empieza cuando no logro reconocer los rostros. Desde mi habitación puedo escuchar el bullicio de la calle, unos leves toques de guitarra, risas ajenas y taxis que cruzan sin celo la inmensidad de una estrecha vía de doble sentido. En frente de mi ventana una recaudería con frutas multicolores, un cartel en un edicifio que dice: AA Grupo Sangre Renovadora: Alcoholismo, Neurosis, Drogadicción, Enfermedades emocionales. 4to y 5to paso. ¿Cuál es el mayor miedo en esta ciudad?


Las fotos que decoran mis paredes me recuerdan de dónde vengo. Pero aquí nada es seguro. Todo es diferente porque esta vez la soledad no ha venido conmigo. Siete días llevo pisando este asfalto peligroso y seco y ni un solo segundo me he sentido sola. Podría contar tantas cosas que he vivido en las últimas horas que llenaría líneas y líneas de absurdas y ridículas historias que no sé si llegaríais a creerme. He caminado de madrugada, he bebido demasiada “negra modelo” y bailado desconocidas canciones. He pasado una noche oyendo versos, he tenido infinitas pláticas sobre ti, sobre mí y lo caótico que es este mundo, ¿verdad? Pero no llego a entender la ciudad ni la combi que por tres pesos me deja en el metro CU para llegar a mi facultad. El camino de regreso se hace más largo si me entretengo mirando los libros, las películas y lo dulces que venden en decenas de mercadillos…podrías comer tacos sin cansarte. Ni vi mezcal ni tequila por ninguna parte. Tampoco he caminado bajo la lluvia pero sí entre los carros. Esta noche hay luna llena y casi puedo tocarla desde mi ventana. A veces tengo miedo de no recordar el camino de la facultad a casa, es casi el único que puedo hacer sola. No han dejado que me pierda, hay manos y ojos que protegen mis pasos. Las alas siguen intentando acostumbrarse al poco espacio que existe entre esta enorme urbe y mi espalda. Desde el avión no conseguí ver el fin de la masa de luces y sombras que custodian el DF.


¿Sabes? Puedes subirte al metro por dos pesos y bajarte sin hablar. O pagar tres pesos y medio, gritar tu parada al conductor entre la gente y bajarte de un pesero en marcha. Hay días que entro a las siete a clase y la noche sigue cubriendo las calles cuando camino por mi barrio hacia la combi. Sólo faros de carros y rostros oscuros transitan las aceras. De Santa Úrsula, por favor, y la gente que se sienta a mi lado pasa los húmedos pesos de mano en mano hasta llegar al conductor. No existen los pasos de cebra sino las carreteras de fieras salvajes que rugen motores. Cruzar la calle es una de las mayores aventuras en el defectuoso. No recuerdo la cantidad de veces que he subido a un taxi en esta semana: 10, 15 ó 20 pesos hasta cualquier lugar compartido. Y una de esas veces el conductor nos contó que justo la mañana anterior, sobre las 8.30h le habían atracado y golpeado a su pasajero. No cerré los seguros y cuando me di cuenta, en la parada con el semáforo rojo me estaban encañonando y robando su pensión al viejito que llevaba detrás. Pues qué se le va a hacer, uno tiene que trabajar todos los días. ¿Puede alguien acostumbrarse a eso de los asaltos con pistola? He descubierto estos días que los taxis son el mejor espacio finito donde radiografiar la ciudad y ver qué tienen dentro. Otro taxista, Ricardo Olguín se llamaba –recuerdo su nombre porque se lo pregunté con mucho interés- nos confesó que era hijo de un exiliado español, de Sevilla, llegó a México en 1940 y desde entonces vive aquí. Llegó con apenas cinco años de edad y vuelve a su tierra nativa cada cinco años. Siempre seré español aunque lleve toda la vida viviendo en México. No pude resistirme y le conté brevemente que era biznieta de un alcalde republicano que fue represaliado en la Guerra Civil española. Fue sin duda uno de mis mejores viajes en taxi…


Creo que ya he visto unas diez ametralladoras, sí, aquí hasta los guardias de seguridad de las tiendas llevan una colgada a la espalda (¿por seguridad?). A veces creo que no voy a ser capaz de acostumbrarme a las monstruosidades de esta sociedad, la ausencia de justicia social, el caos, la velocidad, las excesivas distancias entre mi cuerpo y el resto de las cosas. Parece que los versos han desaparecido de la atmósfera -hasta de mi cabeza- y lo único que me hace despertar es la nostalgia de cambio, la revolución necesaria. México no deja de sorprenderme. Y sólo acierto a preguntarme, ¿por qué nada funciona aquí?



El lugar donde vivimos lo marca todo, no es indiferente. Aquí es donde la noche acaba y mi cuerpo da comienzo.


10 comentarios:

Planeación y Organización de Empresas Editoriales dijo...

Ojalá y te des tiempo para descubrir lo que te puede ofrecer esta bella tierra; no solamente los aromas, o la riqueza de las texturas, sino también lo cálido de sus paisajes, la belleza de su gente y lo místico de su historia... México es un país alegre, hasta ahora peligroso, pero que sabe honrar a los amigos y enamorar a sus visitantes... es una cajita llena de sorpresas, a veces buenas, otras no tanto, pero de las cuales y estoy seguro de ello, las recordarás como una de las mejores experiencias que vas a tener en tu vida entera!!!
BIENVENIDA A MI PATRIA
Tschüss

Javier Montoro dijo...

Poco a poco todo empezará a funcionar...yo mientras seguiré adorándote...

dediego dijo...

Demasiado tarde, demasiado cansado para leerlo todo, pero lo haré mañana. El otro día pensé en lo interesante que me pareces, viajera y lectora.

Leo y te digo mañana.

dediego dijo...

Entero. Tremendo, maravilloso. Arrebatador. Vivan los alcaldes republicanos. Los carros.

Gracias.

Lulú dijo...

Gustavo, ojalá que me ayudes a descubrir todo lo que México puede ofrecerme...

Franxu! Por qué no te tengo cerca para darte un abrazo enorme? a veces se necesitan demasiado...


Borja, llevo esa historia de repúblicas, sueños y silencios grabada a la memoria y la piel. Tengo que contártela.

22.40h en DF / 5.40h en España

dediego dijo...

"Tenemos que hablar de muchas cosas", decía Miguel Hernández.

Anuar Zúñiga Naime dijo...

A manera de brújula: vampiro104@hotmail.com
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Acabo de leer tu post. Yo, como siempre, con varios días de retraso sobre la fecha de publicación. Me fascinó tu relato de tu primera semana por México D.F. Me acabas de dejar con unas ganas inmensas de acompañarte por ese otro sur (si me invitas, haré lo posible por ir!).
Muchos besos desde el agujero de la meseta. Echo de menos tu voz

Lulú dijo...

Ulises, ven y perdámonos en la selva de bocinas y asfalto. Cuando llegues sabré llevarte a un lugar seguro. Me gusta que me eches de menos.

Sofia Elena dijo...

Llegué a tu blog por casualidad, y resulta que se han dado otras muchas casualidades.

Soy mexicana, del sur del DF, pero ahora vivo en Salamanca, España y estudio filosofía. A mi también me costó acostumbrarme a otro país, y aunque no lo creas, extrañé y extraño el mío.

México, si te dejas, acabará enamorándote, por esa anarquía y ese caos que permite que la magia y el surrealismo estén en cada esquina.

Mucha suerte!

se,