17 de junio de 2012

2666




Solo tú sabes cuántas veces he intentado leerla. Las veces que he abierto el libro por la parte de los críticos, la parte de los crímenes, la parte de Amalfitano. Y no he podido terminarlo. Llevo años intentando leer un libro inmortal. Lo que ahí está escrito son los restos de polvo y cenizas que quedan cuando uno muere. Tú lo sabes bien. A ti te pasó algo parecido cuando lo intentaste por primera vez. Siempre me dices que lo cuide. Que cuide tu 2666 porque fue el último libro que tu padre te regaló antes de morir. He vuelto a Santa Teresa. A París. A Londres. A Madrid. He vuelto a empezar la historia interminable. Este es un libro para quienes creen en el misterio. Un libro sobre el dolor dentro del dolor. Este es un libro silencioso. Voy a leer este libro hasta el final. Y nuestro amor seguirá siendo puro y ebrio y sólido y oscuro. Voy a leerlo hasta el final y a cada línea, a cada párrafo que marque mentalmente, te llamaré para atizar la luz. El dolor y la muerte crecen entre estas páginas. Es como leer dentro de un espejo. Un espejo que refleja otro espejo donde hay una mujer que no soy yo pero se parece a mí. Y ella está muriéndose. Y lo sé porque tiene sangre en el vientre y se retuerce. Y sus ojos están blancos. Sin pupilas. Y cuando intento salir del espejo y tocar a la otra, despierto. Dentro de mí hay un gran agujero por donde escapan las palabras. Sigue ahí, M. porque mientras haya luz, cuidaré de ti. 



1 comentario:

bemopri dijo...

Qué bonitas palabras, Carmen :)