29 de noviembre de 2011

París a tientas




















Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando joven,
luego París te acompañará, vayas a donde vayas,
todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue.

HEMINGWAY



París no fue una fiesta. Fue un viaje-aventura. Recorrer las calles mientras nos seguían. Como en un libro de Bolaño. París fue una persecución. Yo buscaba la literatura y los otros, mi mochila. Mi cámara fue el objeto más valioso. Esconderla y salvaguardarla de los otros, una difícil tarea. Por lo demás, París es la Torre. Las callejuelas y las avenidas. La tumba perdida de Duras. La lápida escondida de Cioran. Los árboles. ¡Ah! Qué árboles amarillos con sus cuervos negros. Y yo que pensé que París era una ciudad tranquila como la de Amélie. Una ciudad nostálgica como la de Allen. No. París no era una fiesta. Más bien un andar de un lado para otro intentando escapar. Intentando buscar una librería que había desaparecido hace dos años. Intentando encontrar las lápidas de todos los grandes escritores muertos de Montparnasse. Lo mejor fue Rodin. Sus esculturas. Sus cuerpos desnudos y redondos. Las manos angulosas. Los niños con sus cuadernos llenos de bocetos. El frío. Qué París más frío. Mis sueños no se parecen nada a París. La ciudad era otra cosa. Un carrusel. Una calle interminable hecha de flores. Columnas de libros soportando los tejados. París es un animal de colmillos desgastados. De calles desgastadas. París tiene un cielo decadente y jardines en los que podría escribir poemas. Qué esconden las calles de París. Qué.




Más París. Mucho más. Aquí.


3 comentarios:

bemopri dijo...

Es lo que suele ocurrir en las grandes ciudades, ¿no?
Pero, ¿encontraste a la maga o no? ;)

Carmen G. de la Cueva dijo...

Yo creo que ocurre con todas. Todas las ciudades se esconden o quizás sean nuestros ojos quienes no sepan ver...

Carlos Andrés dijo...

Qué alegría. Volver y encontrar.