28 de junio de 2011

Mete la mano en el abismo


Escribir es estar solo. Cómo estar solo. Aprenderlo en una noche a oscuras, en una habitación sin nadie que te guie. Sin nadie que susurre al otro lado. Escribir es estar solo y sentir un profundo dolor en el estómago. Escribir es el vano intento de deshacer el nudo en la garganta y llenar el vacío que dejan los días críticos. Escribir es temblar. Estar solo. Estar solo. Y aprender a decir el dolor. Estar en medio del silencio. Sin saber qué decir. Sin saber cómo expresar la incertidumbre. El desencanto. El error. Los sueños que se borran. La nostalgia que crece. Puede que sea, escribir, la única forma de escapar de la vida que se ha vuelto otra vida. Qué lejos. Y qué perdida. Las raíces se pierden en el frío y la luz mengua. Ahora veo lo que no fui, ni seré. La niña herida. El terror oscuro. La mujer amante de los límites. Las ruinas del futuro.




6 comentarios:

juan bello dijo...

Quedarse con esas ruinas. Habitarlas.

Un buen descubrimiento para esta tarde. Te leo.

Elena Lechuga dijo...

Nunca había pensado en la soledad de esta manera.Con los años me hago más tonta.

Carmen G. de la Cueva dijo...

Yo también te sigo, Juan.

Nata Ruiz-Poveda dijo...

escribir es estar solo. Qué gran verdad. Te sigo!

Asesino de espejos dijo...

Que las ruinas no fosilicen.

bemopri dijo...

Crecer, aprender, vivir.
Sabias palabras las tuyas, amiga :)