7 de enero de 2010

Cumpleaños de amor


Recuerdo hace ya cuatro años cuando mi mejor amigo me felicitaba el inicio de la veintena con un significativo mail y un poema de Ángel González. Jamás se me olvidarán los siguientes versos: Y los ojos / -qué importa que no sean estos ojos- /te seguirán a donde vayas, fieles. El poema fue Cumpleaños de amor y desde entonces sus ojos y mis ojos han seguido fieles y atentos nuestros pasos. Hoy he cumplido 24. Y él sigue estando al otro lado de las fronteras telefónicas. Como si no hubiéramos salido aún de la facultad y siguiésemos entre primero y segundo de Periodismo, en Sevilla, haciendo los primeros descubrimientos de nuestra amistad y de los errores del final de la adolescencia. Las clases, los paseos por el Sur, las miradas cómplices recorriendo el aula, los escritos fugitivos escondidos tras las búsquedas anónimas detrás de la pantalla. Cómo hablar. Cómo hacer balance de los últimos años sin tenerlo presente. Porque sigue ahí, sigues ahí. Y cada vez más cerca. Desde el principio estaba claro que nuestros sueños estaban atados a nuestras manos y nos guiaban. Ninguno de los dos supimos estarnos quietos en el Sur y decidimos echar a volar. Como Ítacas vendrían mi viaje de exploradora a los prealpes italianos y tus incursiones radiofónicas en la Meseta aquel verano de tus 19 y mis 20. Más tarde, Cuba y Leeds y Braunschweig y los viajes a Londres, Liverpool, Dublín, Galway, Berlín, Hamburgo, Bremen, Hannover, Budapest, Viena. Qué manía la de no estarse quieto. Elegir, siempre era cuestión de elegir entre una isla u otra. Nada más volver nos tiramos al agua en Zaragoza casi sin mediar la voz. Y vinieron más y más difíciles. Madrid y EFE. La UNAM y el DF. Y en medio, un verano, un otoño viéndonos entre el Sur y la Meseta hasta que crucé el Atlántico. Y regresé más poeta y más cuerda, si cabe. Y no me traje ni ropa ni la gripe sino libros de arena en las maletas. Y allí estabas tú con los abrazos que nunca me dabas sin importarte ni la mascarilla azul ni mis lágrimas saladas. Madrid. Siempre cruzándose. Siempre en medio de ninguna y cualquier parte. Llegó, entonces, el verano del primer trabajo serio. De autobuses que cruzaban Despeñaperros. De Toledo y Escoriales. De Sur, mucho Sur. Sur de junio y noches de graduación bebiéndonos las calles mojadas de Sevilla y el chocolate con churros. Sur de agosto y estepas de infancia. Y cuando creí que me tocaba quedarme quieta… Praga y la beca en la embajada. Sí. No. Sí. Y tú con tu mirada de Ulises lacrimoso despidiéndote en el taxi mientras cruzábamos Madrid, de nuevo. Y llegué a Praga mientras tú en la Meseta soñabas con pirámides y dunas. El Cairo te espera.


Tú mismo me dijiste la otra noche que lo nuestro no era cuestión de distancia, que me tienes presente cada día a pesar de llevar meses sin verme. Qué mejor regalo que el de tenerte siempre al otro lado. Has estado –intermitentemente- desde que nos conocimos en primero. Ironías, versos, llamadas telefónicas, viajes, y viajes, y cruces kilométricos. Sigo aquí en Praga, ahora con 24 y con otros ojos, además de los tuyos, que me miran de cerca y me hacen creer. Estarás temblando en la cama, con el nudo en ese lugar entre la garganta y el estómago. Las despedidas nunca fueron lo tuyo, lo sabes. ¿Has pensando cuándo volveremos a vernos en España? Me gusta imaginar que la próxima vez que te vea, si todo va bien, será cruzando el aeropuerto de Praga con el brillo en los ojos y la tez más morena que nunca. Yo iré a verte. No lo dudes, mis pies quemarán las calles de El Cairo y Alejandría cuando Praga se acabe. El mundo en nuestras manos. Así lo siento.


He vuelto. Feliz viaje, Ulises.




7 comentarios:

May la Goulue dijo...

Una historia preciosa,
gracias por compartirlo.
Un beso.

u minúscula dijo...

A la intemperie es algo re Bolaño, nO? el readymade de duchamp, el libro de geometría colgado, todo eso es genial

abrazo

tournesols dijo...

Qué maravilla, Lulú.

Felicidades de nuevo*

Carmen G. de la Cueva dijo...

A la intemperie es un artículo que aparece en el libro Entre paréntesis de Bolaño. Habla de una antología de poesía española de 300 páginas con 150 dedicadas a la poesía chilena. Habla de los poetas y del estatus literario. Pensé que sería un buen cambio optar por la intertextualidad bolañesca y la escritura a cielo abierto.

Seré más Carmen a partir de ahora. Gracias por leerme a las tres.

u minúscula dijo...

http://www.toutfait.com/unmaking_the_museum/Unhappy%20Readymade.html

creía haberte dejado un mensaje antes. éste es el libro de geometría que duchamp decide regalar a su hermana por su boda, y le dice que lo cuelgue a la intemperie, que deje que le afecte el viento y el aire

es la idea, meta readymade, que Bolaño recoge en 2666, con ese profesor que cuelga también su propio libro de geometría a la intemperie

Carmen G. de la Cueva dijo...

entonces, asi será, seguiré el ejemplo de Bolaño y Duchamp, colgaré mis letras a la intemperie para que se hielen, se sequen, o ardan.

gracias por el descubrimiento de Duchamp :)

Fran dijo...

Desde El Cairo, gracias. Mi primer dia por aqui estuvo llenos de tropiezos, hallazgos y pequeñas victorias. Me da miedo lo bien que me conoces y me alegra y emociona saber que sabes mis debilidades y temores y que intuyes lo mal que llevo las despedidas cuando me escriben cosas asi. Pero ¿que despedidas? Se que en este viaje no estoy solo. Te espero mas al sur de donde nos conocimos.