31 de marzo de 2012

He aquí un mapa del invierno



















Las raíces se esfuerzan por desprenderse




Árboles

Desde el interior, los árboles avanzan hacia el bosque,
el bosque que estuvo vacío todos aquellos días,
donde ningún pájaro podía posarse,
ningún insecto esconderse,
y ningún sol podía enterrar su pies en la sombra;
en el bosque vacío de esas noches,
los árboles abundarán por la mañana.

Las raíces se esfuerzan toda la noche
por desprenderse de las grietas
en el suelo de la terraza.
Las hojas se retuercen hacia los vidrios,
pequeños vástagos endurecidos por el esfuerzo
largas y torcidas ramas que se desprenden con dificultad
bajo el techo, como pacientes recién dados de alta,
medio-aturdidos, dirigiéndose
hacia las puertas de la clínica.
Aquí me acomodo. Las puertas se abren hacia la terraza,
escribo extensas cartas
donde apenas menciono el bosque
y su partida de la casa.
La noche está fresca, la luna entera brilla
en un cielo aún abierto.
El aroma de hojas y liquen
llega como una voz a las habitaciones.
Mi mente está plena de susurros
que permanecerán en silencio mañana.
Escucha. Los vidrios se quiebran,
se tambalean los árboles
Hacia la noche. El viento
se apresura a recibirlos.
Como un espejo la luna se ha quebrado
y en la copa del roble más alto
relampaguean ahora sus fragmentos.


Adrienne Rich


24 de marzo de 2012

La geografía me salvó



Son días vulgares donde empezar a escribir no es sencillo. Puede que mi juventud pese tanto, tanto que no tenga nada que decir y sea mejor que no escriba. Sí, es eso. No quiero ser como esos jóvenes que piensan en voz alta y escriben todas las cosas tontas e insustanciales que se les pasan por la cabeza y hablan de pájaros y sexo y de un montón de cosas más que no le importan a nadie. Y se exhiben. Y se fotografían. Tal y como hago yo ahora. Siempre he valorado la práctica del silencio. Pero no tengo nada que contar. Todavía no, supongo. A quién le importa mi juventud que envilece. A quién le importa las ganas o no que tenga de escribir si siempre es el mismo tema. Estar solo y no saber qué escribir. Y no creer en mí. Qué mas da... si esto no lo lee nadie. Es mejor que me concentre en hablar de aquellas cosas que detesto. De mi trabajo alienante en el Cervantes, de la ausencia de oportunidades, de la pérdida de identidad. Hablaré de que no sé en qué me estoy convirtiendo. La pregunta de siempre. Quién soy. Ya ves que veintiséis años no son nada, pero duelen igualmente. Es mejor leer y callar. Y viajar. Viajar muy lejos. O encerrarse en una biblioteca. Que la soledad es necesaria. Se aproxima el mes más cruel. Mi último mes en Londres y ya noto sus efectos. Hoy quería escribir sobre las elecciones andaluzas, sobre la indignación que me recorre cuando leo artículos de veinteañeros nimileuristas que se quejan cuando sabes que hay alguna que otra familia que vive con menos. He venido a hablar de la sombra que es España y del miedo que me da volver. Pero mejor me callo y me voy con la incontinencia a otra parte. Salud.

11 de marzo de 2012

Retorno al origen


Ya sé que el horizonte es un abismo. Y por eso no me canso de escribirlo. El horizonte es un abismo y el futuro, una calle sin salida.