20 de febrero de 2012

Los pájaros vuelan sobre tus ojos




Cuando Ana Karenina anunciaba su embarazo a Vronski, yo supe de la muerte de mi tía. En aquel instante la lectura quedó interrumpida y, hoy, una semana después, apenas he podido retomarla. Es como si el libro marcara dos etapas en mi vida. El fin de la ignorancia. De todas esas tardes en las que he querido acabar con todo como si el suicidio fuese la idea más romántica y heroica de enfrentarse a la vida. Esas páginas escritas por Tolstói son para mí una advertencia: que la vida es un hermoso vacío y cuando nos demos cuenta, todo acaba de la manera más cruel posible. Y entonces pienso en el tiempo como en un bebé que me arrancaran de los brazos. Un hermoso bebé que nunca me ha pertenecido. Un bebé de otra que miro y cuido y anhelo. La vida como un relámpago que dura lo que dura. Desde aquel domingo por la tarde paso los días interrogándome. Como si todas las preguntas que me hubiera hecho antes de ese domingo por la tarde, siguieran sin contestarse. Como si hubiera empezado a caminar de nuevo. A ver. Como si acumulara un cansancio de siglos sobre mi cuerpo. Un dolor de siglos que crece y sigue.

1 comentario:

Carlos Andrés dijo...

A ver. Aun lamiendo tus heridas es hermoso (re)encontrarte. Volando.