5 de octubre de 2011

Escrito en un libro abandonado en un viaje



La vida allí debe ser feliz sólo porque no es la mía.
Si alguien me ha visto desde la ventana de la casucha soñará:
ese que va en el auto es feliz.

PESSOA



Este es el inicio de otro viaje. Comenzar de nuevo al otro lado. Esta vez en una gran isla. Un trozo de tierra al que aferrarse para no caer. Sigo sin acostumbrarme a las partidas. Me hubiera gustado escribir un auténtico post de despedida. Unas líneas sobre lo amargo de decir adiós hasta dentro de unos meses. Pero no tengo tiempo. No tengo tiempo porque me voy ya, porque estoy corriendo con mis libros, mi ropa y mi cámara hacia otra parte. Deprisa y sin pararme a pensar en lo que dejo. Si pudiera quedarme con una sola imagen para agarrarme a ella y no olvidar de dónde vengo, sería el rostro de mi hermana esta mañana cuando la llevé al colegio, su rostro iluminado y triste a la vez, su mano cogiendo la mano de otra niña para recorrer los pasillos juntas. Esta vez no voy sola. Vamos dos en este viaje, dos compañeros. Voy a llegar a Londres y me dará pena no haberme quedado en Sevilla más tiempo. Y si me quedara aquí, pensaría en todo lo que podría perderme. Siempre esta inquietud sin resolución, ya lo decía Pessoa, sin nexo, sin consecuencia. Siempre, siempre, siempre. Esta angustia excesiva del espíritu por nada. Ahora son las raíces de la incertidumbre las que buscan lugar en mi cuerpo para recorrerme y, después, quedarse habitando en la garganta. Que la voz tiemble. Que el futuro sea más incierto si cabe. Es tiempo de marcharse. Y si no tengo palabras, así me entrego.


3 comentarios:

bemopri dijo...

Empápate bien de todo lo londinense. Y disfruta mucho. Tienes unas fotografías preciosas y esta me encanta por el aire antiguo. Todo un acierto ese carrete en blanco y negro.
Espero noticias tuyas contándome tus primeras impresiones al pisar suelo inglés.
Besazos, guapetona.

Skaði dijo...

Me encantó esa primera frase de Pessoa. Quizá mi vida la que tuve lejos de aquí los últimos años era feliz justamente porque no era la mía... pero quizá prefiera vivirla sin ser la mía a la infelicidad de la que sí lo es.

Carmen G. de la Cueva dijo...

Quizás ahora estoy en Londres y prefiriría no estar... simplemente se hace duro acostumbrarse a la velocidad, la hostilidad y los precios.

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