29 de octubre de 2011

Alegato en contra de la ciudad




Vivir en Londres era esto y no aquello que imaginabas que sería tumbado en la cama. Soñando despierto. Una ciudad increíble. Una ciudad inmensa. Una ciudad infinita. Sí. Londres es una ciudad que se traga a la gente. Se la come, se la bebe. Absorbe todo lo que hay en ti y te deja tambaleándote. Tembloroso y febril cada noche. Londres, ciudad que consume. Ciudad-barranco. Que Londres era esto y no lo que soñaba lo sé ahora. Que todos me envidian porque la ciudad no duerme. Porque hay vida y vida y muerte a cada paso. Y yo confieso a los que me ven desde la distancia que caminar por Londres es como hacerlo por el piélago. La ciudad es tuya y es ajena. Es una y otras, otras muchas cada día. Que hay un olor a gas por las calles y la sensación de que vas a salir volando por los aires si antes no te lleva por delante uno de esos autobuses rojos de dos plantas que vuelan. Y yo me concentro y leo. Miro arriba, observo a la gente, la fotografío, escribo sobre ellos, intento en vano acercarme a la ciudad, entenderla, practicar eso que llaman la empatía. Y en mi defensa diré que viví en el DF y volví con vida. Pero, ¿Londres? De verdad, ¿Londres? Londres es una ciudad que te engulle. Con sus museos, sus mercados, sus colores. Londres no es una ciudad para vivir. Vengan, vengan a ver la ciudad que no duerme, la ciudad que si consigue aburrirles, hará que se aburran de la vida. La ciudad que castiga. La ciudad que es una sombra y me sigue.























La imposibilidad del silencio.

21 de octubre de 2011

Cuando sea...


Cuando sea fotógrafa -en lugar de una chica cualquiera intentando sacar de mí lo mejor de Londres- voy a empapelar los muros, las aceras, los tejados de los edificios con fotos en b&n. Retratos de unknown people. Postales que expliquen la ciudad con las gentes y no con las fachadas. Cuando sea poeta voy a escribir los versos más largos. Versos que crucen charcos y océanos y que se entiendan por gestos. ¿Y cuando sea un pájaro de verdad qué? Cuando sea pájaro no tendré que coger aviones. Exacto. Y meteré los libros, la ropa y las cámaras bajo las alas. Y no habrá temores porque podré volar. Y entonces el dinero que ahorre por no tener que comprar billetes lo invertiré en películas para la polaroid. Exacto. Y llenaré cajitas y cajitas con las polaroids. Y cuando sea vieja, vieja y esté cansada de viajar y tenga mal humor a todas horas, entonces me concentraré en ver las fotos de cuando era joven y tenía toda la vida por delante. Seré de esas que cuentan sus historias en lugar de escribirlas. Pero ahora me concentraré en Londres. En ser joven y no ser ni fotógrafa ni poeta. Ser una chica cualquiera con una cámara cualquiera y un cuaderno viejo capturando la ciudad.


16 de octubre de 2011

Buenos días






Estamos de estreno. La maravillosa Cristina Daura ha ilustrado para el blog una cabecera llena de pájaros, ramas, temores y sueños. Es el nuevo traje de la señora V. ¡Ah! Por cierto, la señora V se disfraza de Lady Bird para capturar el mundo. Eso, que también estrenamos tumblr aquí. Pasen y vean. Feliz lunes.

Breve postal desde el extranjero



Casi todo me atrae. Sin embargo se alberga en mí algún buscador infatigable. ¿Por qué no hay un descubrimiento de la vida? Algo para ponerle las manos encima y exclamar: ¿Es esto?

VIRGINIA WOOLF


Es difícil escribir aquí. Pensar en palabras. Pensar como si estuviera viendo una secuencia de imágenes en mi cabeza. La sucesión de mis días, de mis horas, de mis sueños. Estoy aquí. ¡Eh! Sí, estoy aquí. Estoy aquí luchando contra esta imposibilidad de escribir. Prefiero no pensar. Sí. Coger la cámara de fotos. Salir a la calle. Disparar. Este es el nuevo ritmo. Están los temores, sí. Los temores y tras ellos los sueños y los fraudes y las frustraciones y los miedos y la luz. La luz que inunda esta habitación. Y las hojas secas en el suelo. Que piso, que arrastro, que agarro y ¡clic! disparo. Para vosotros los que no me leéis. Los que no pasáis por aquí. Ni sabéis que existo. Detrás de la ventana hay sombras. Sombras. A quién le importa. Que sí. Que yo quería venir a Londres. Y ahora no sé si quiero estar. Que buscar piso ha sido difícil y duro. Que crezco. Que envejezco. Que veinticinco ¡uf! veinticinco años no son nada. Que la infancia queda lejos. Que si estoy perdida. No sé lo que quiero. Podría empezar esta historia por el principio: ¡ah! me he venido a Londres unos meses, sí... a ver qué tal. Al Instituto Cervantes, claro. En España la cosa está fatal. No hay nada... La ciudad es carísima. Pero está bien. Tiene una oferta cultural apabullante. He comprado ya unas cuantas revistas de literatura y arte. Genial. Sí, la Tate Modern no es para tanto. Qué suerte. Hay una exposición de Diane Arbus. Estupenda. No. Aún no conozco a nadie. Sí, se hace un poco raro volver a esta soledad que parece desacostumbrada. Vale, vale, no me pongo profunda. No está mal Londres. Ciudad cara, pero infinita. Cómo aprender a estar solo. Y el frío. De nuevo el frío con sus ramas desiertas. Londres es un comienzo.