31 de agosto de 2009

Los desnudos y los muertos







Pienso en los cuerpos con olor a hierba. Los cuerpos con olor a sangre. Y en los hombres heridos, esos que confían en desconocidas para emocionarse. Tendrán hambre esta noche. Darán su cuello por un café. Y una lengua húmeda con sabor a tierra. Dudo de todo. El sexo es una obsesión que no me pertenece. He decidido morir de sed. No beber saliva ni agua. No probar la lluvia. -H-a-m-b-r-e- el indicio de los límites. Supongo que sólo tengo el valor de existir ahora. Donde las mujeres me leen y los hombres me miran a los ojos. Puede que sea la necesidad de volver a la cama. La inutilidad del verano, la proximidad del vértigo. Nadie me conoce. Los hombres heridos y sus breves conversaciones únicamente dejan tiempo para el instinto. ¿Y la voz? La frontera se encuentra entre el desnudo y la muerte. Lo que se oculta. Se desea. Se calla. Una radiografía del miedo y los complejos encima de la acera. Entre paso y paso. Entre roce de manos y duda. Aprieto los labios. Dejo caer el apetito. Tiemblo.



28 de agosto de 2009

La fragilidad de(l) ser amado o los roces exactos.






Te abrías en el cielo a modo de puntual herida. Puede que sea el último viernes de agosto o la ausencia de lluvia. La boca que besaste ya no existe. Pero un poema es algo diferente: amar o poetizar. El dolor de un roce. La lengua que se muerde por miedo o por deseo de alimento. Sin lengua, el silencio se hace cómplice. Susúrrame una canción que te recuerde a mí. La vida es como despertarse a media noche aturdido y confuso, absolutamente estúpido, forzando ojos arruinados para mirar a la soledad de frente. Podría aullar esta noche. Ser amante y cumplir tus voluntades. Pero agosto es un letargo. Se aproximan los síntomas: sudar, insomnio, límites, musgo, frío. Y herrumbre en los labios. Dejemos que se derrame entre nosotros. Estoy aquí sentada viendo cómo pasan las horas. Y los libros ordenados verticalmente, sin moverse, sin moverlos. Intactos. Espantosos remordimientos. Asfixia. Leer sin sentido. Escribir sin sentido. Queda prohibido engañarse.




Caer.

23 de agosto de 2009

Madrid mutante y circular.



Se ve casi todo Madrid desde aquí, ¿verdad? Me lo pregunto y no sé qué pensar después de diez años conociéndonos. Casi la mitad de mi vida. Justo después de acabar la lectura de una obra circular, quedo dormida. Y me veo caminando al borde de una carretera desierta saliendo del barrio sevillano de San Jerónimo. La recorro sin mirar atrás, sin temor, descalza sobre el arcén. Era un sueño circular, como algunas ciudades. Vuelve atrás una y otra vez al mismo punto de la carretera, pero al mirar atrás, cambia la ciudad. Sevilla, Madrid y una pequeña colina de no sé dónde con un hotel en la cumbre cercada por un incendio. Ahora no soy yo quien deshace el camino. Son dos amantes sin rostro que han ido hasta ese lugar para dejarse. Y los asedió el fuego. Madrid cegada, errada y encerrada por las calles que tropiezan con las calles. He despertado en la cama, a tientas y a media luz, queriendo saber qué hora era [16.41h]: mediodía en un roído domingo de agosto. Solitario. Sé que las madrugadas se inventaron para los inmortales y los moribundos. Y qué de los mediodías. Calles sin salida. Círculos estrechos. Y afuera, un olor vacío a errante. Queriendo rescatar los trozos de sueños que se mantenían aún dando vueltas por mi cabeza, -a veces, soy de memoria corta y, siempre, selectiva- he corrido a abrir el portátil y escribir unidades semánticas sin relación alguna. Imágenes, postales: chica sola que borra sus huellas/ repite el error de dormir/ siesta los domingos/ como si cada gesto, cada tacto/ no fueran más que elementos de sueño/ y la vida/ páginas sin escribir/ fragmentos sin final en la papelera. Escribir, existir: circular. No queda casi nada de los sueños. Que sí, ya lo escribió otro antes que yo. Todo está inventado. De ahí la frustración, la pereza, la impotencia de no escribir ni un párrafo que no acabe muriendo al final de la tarde. Y sé cuántas mentiras me quedan por contar. Lo peor son los silencios, los que se quedan clavados en el cuello, royendo la carne y las ganas. Y los que tú mismo buscas en los túneles que atraviesan las ciudades por dentro. Pienso en todas las ciudades que he recorrido, en todas las calles que me han dado asilo y lluvia, en las que no he fotografiado, en las que me he saltado líneas y párrafos. Páginas enteras se han quedado sin escribir por no saber a dónde mirar. Ni a quién. Tantos rostros, tantas manos y sólo quedaron los ruidos. Sé que el tránsito de las afueras al centro requiere el cruce ocasional y silencioso de las fronteras. Y el mundo derrumbándose durante las seis horas que te llevan al Sur o te alejan del centro. Los autobuses de noche atraviesan miedos y dudas con máscara. La ciudad inquietante se extiende y refleja el deseo que no volverá a brillar. El sueño de unos versos de tierra y guerra pide voz y auxilio. No sorprende descubrir algunas noches que no eres más que uno de esos pájaros que no se atreven a volar para no verse presos del movimiento perpetuo del tráfico. Hemos llegado al centro. El que está solo pide siempre las ventanas, también en los trenes y los aviones: tiene el mundo fuera.




[Cursiva de Circular, Vicente Luis Mora]


15 de agosto de 2009

Celia o el poema








Cuando el niño era niño andaba con los brazos colgando, quería que el arroyo fuera un río, que el río fuera un torrente y que este charco fuera el mar. Cuando el niño era niño no sabía que era niño, para él todo estaba animado, y todas las almas eran una. Cuando el niño era niño no tenía opinión sobre nada, no tenía ninguna costumbre, se sentaba en cuclillas, tenía un remolino en el cabello y no ponía caras cuando lo fotografiaban.


Las alas del deseo, Peter Handke

14 de agosto de 2009

Ostrov, zranění, na shledanou






Ocurre con las ciudades como con los sueños: todo lo imaginable puede ser soñado pero hasta el sueño más inesperado es un acertijo que esconde un deseo, o bien su inversa, un miedo. Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos, aunque el hilo de su discurso sea secreto, sus reglas absurdas, sus perpestivas engañosas, y toda cosa esconda otra.*


Tengo los ojos húmedos y aborrezco los viernes noche cuando las certezas beben dudas con hielo. Cesta do ciziny. Manos de óxido, náusea. Acantilado. Una madrugada en el mundo. Una ciudad desconocida donde encontrarse. Los puentes y las nieves callarán la luz. No hay comienzo ni llegada. Sólo un mañana que anticipa sus contornos. Insomnio. Praha. Sobrevivir atravesada por el Moldava. Transparente. No basta con latir. Es cuestión de distancia y herida. Viaja conmigo. ¿Por qué lloras? Mejor dame la mano,/ prométeme venir a visitarme en un sueño.* Huiremos como pájaros muertos de agosto. El escritor que hay en mí morirá.* Extranjera y extraña. Cizí a cizí.


Bratříčku, zavírej vrátka




* Las ciudades invisibles, Italo Calvino

*En un sueño, Anna Ajmátova
*Diarios, Kafka


11 de agosto de 2009

Soy de las que aman y no de las que odian







Amar. Habla más suave. Sigues sin saber qué es la pérdida. Has visto ciudades abatidas por la lluvia. Pides silencio y mutilas los placeres. Los martes desnudos eran un solo cuerpo. Amabas tanto... Y quedabas sentada frente al espejo vaciando la derrota. La memoria es deseo. Amar o desaparecer. Cada poema es una herida mortal. Y aquí estás.

La ida en juego.




* Connie Imboden

10 de agosto de 2009

Tombe, se blesse*







La primera semilla aún busca el fondo. Si huí de la tierra fue para extraer las sombras que en mi garganta se hicieron palabra. Hundí las manos en la luz para arrancar de raíz todas las preguntas [ser sin grietas] Abolí los límites de la carne. La tentación no era la huida, me dijo, como si aquella búsqueda no hubiera tenido lugar. Una piedra lanzada al silencio anticipa el vacío. A modo de advertencia: el borde de la luz no existe. La voz se precipitó vertiginosa para disolverse y reaparecer. Descrucé el océano y quedé ciega-fugitiva.




* Comme avant-guerre, Boris Vian

3 de agosto de 2009








Lulú volverá en breve.